Reseña de Jurassic World: Fallen Kingdom
Cinco películas después del estreno de Jurassic Park (1993), el universo de los dinosaurios genéticamente recreados sigue expandiéndose, ahora bajo la mirada del director español J.A. Bayona. Jurassic World: Fallen Kingdom se presentó como una secuela con un enfoque más oscuro, casi gótico, con la promesa de revitalizar una saga que ha ido perdiendo parte del asombro inicial. Sin embargo, aunque el filme tiene algunos aciertos visuales y secuencias de acción intensas, sufre bajo el peso de una narrativa irregular, decisiones de guion cuestionables y personajes poco memorables.
La historia arranca con una premisa interesante: la isla Nublar, hogar de los dinosaurios resucitados, está al borde de la destrucción por la inminente erupción de un volcán. El gobierno debate si estos animales, que fueron creados por el hombre, merecen ser salvados o dejados a su suerte. Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), ahora activista a favor de los derechos de los dinosaurios, lidera una misión de rescate con el apoyo financiero del filántropo Benjamin Lockwood (James Cromwell), antiguo socio de John Hammond. Ella recluta nuevamente a Owen Grady (Chris Pratt), el domador de velocirraptores, para rescatar a Blue, la criatura más inteligente de su especie.
Hasta ahí, la trama funciona como una clásica película de desastre. Pero apenas la acción se traslada de la isla a una mansión gótica en la segunda mitad del filme, Fallen Kingdom toma un rumbo completamente diferente, virando hacia el thriller de horror con tintes de ciencia ficción distópica. En lugar de desarrollar más profundamente el dilema moral sobre la creación y conservación de especies extintas, el guion recurre a una conspiración de mercado negro, clonación humana y la creación de un nuevo dinosaurio híbrido —el Indoraptor— diseñado como arma letal.
Visualmente, Bayona logra imprimir su estilo característico, que se aleja del espectáculo puramente digital para abrazar atmósferas más oscuras y sombrías. Algunas escenas, como el triste momento del braquiosaurio entre la niebla volcánica o la aparición del Indoraptor en los pasillos de la mansión, transmiten una sensación de terror emocional o suspenso, casi como si estuviéramos viendo una película gótica. Sin embargo, este cambio de tono también genera un problema de cohesión, ya que la primera parte es una aventura explosiva mientras la segunda parece una película diferente.
Chris Pratt y Bryce Dallas Howard repiten sus papeles, aunque esta vez con menos química entre ellos. Pratt mantiene su carisma, pero el guion le ofrece pocas oportunidades para brillar emocionalmente. Howard ha evolucionado desde la mujer ejecutiva indiferente de la primera película, pero su nuevo rol de activista carece de profundidad. Los nuevos personajes, como Franklin (Justice Smith) y Zia (Daniella Pineda), aportan algo de frescura, pero caen fácilmente en estereotipos. El villano interpretado por Rafe Spall resulta predecible y genérico, y su ambición por lucrarse con los dinosaurios carece de fuerza dramática.
Uno de los puntos más controversiales de Fallen Kingdom es el personaje de Maisie Lockwood, la nieta del benefactor. Sin revelar demasiado, su historia introduce un elemento nuevo en la saga que, aunque potencialmente revolucionario, se siente forzado y poco desarrollado. La película termina con una escena que sugiere un cambio radical en la historia: los dinosaurios ahora viven entre los humanos, lo que prepara el terreno para una tercera entrega que promete, pero también representa un punto de no retorno.
Desde el punto de vista técnico, los efectos visuales son sólidos, aunque en algunos momentos demasiado dependientes del CGI. El diseño sonoro sigue siendo uno de los puntos fuertes de la franquicia, con rugidos reconocibles y sonidos de impacto que mantienen la tensión. Michael Giacchino retoma el tema musical con un enfoque más melancólico y heroico, que encaja con el tono más sombrío de la cinta.
Bayona logra imprimirle cierta sensibilidad emocional al relato —algo que se notó en su trabajo anterior con Lo imposible y Un monstruo viene a verme— pero aquí está limitado por un guion que quiere contar demasiadas cosas a la vez. La película lanza ideas interesantes: ¿deben ser tratados como animales reales estos seres creados por la ciencia? ¿Cuál es el precio ético de la clonación? ¿Estamos cruzando líneas peligrosas sin entender las consecuencias? Pero esas preguntas apenas se tocan superficialmente, dejando al espectador con más promesas que respuestas.
Veredicto finalJurassic World: Fallen Kingdom es una secuela visualmente ambiciosa que intenta reinventar el universo de Jurassic Park con un enfoque más sombrío y tramas más complejas. Sin embargo, sufre de una ejecución desigual que divide a la película en dos mitades desconectadas: una aventura de desastre volcánico y un thriller gótico de laboratorio. A pesar de sus aciertos en términos de atmósfera, efectos especiales y algunas secuencias emotivas, el filme pierde fuerza por su guion sobrecargado, personajes débiles y decisiones argumentales apresuradas. Es entretenida en lo superficial, pero no logra recapturar la magia ni el asombro de las entregas originales. Aun así, sienta las bases para una entrega final más audaz y arriesgada. |
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